EL AÑO DE LA PESTE
Sabíamos que después de las vacaciones de agosto los medios hincharían su fatal rutina con las fatales consecuencias de la gripe A que se nos avecina, al modo de prevista serpiente de verano otoñal.
Releo, entonces, páginas del Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, un modelo de periodismo en su momento auroral y de una lucidez pasmosa. Me sumerjo, fascinado, en lo que es una crónica exhaustiva del rumor, señor verdadero del asunto, y del miedo, y del pasmo, y del sálvese quién pueda, consecuencias fatales de lo primero.
Homo humani lupus:la frase estrella de los comienzos del neoclasicismo inglés. En este libro se perpetúa la sentencia con pelos y señales, se hace carne la frase, se detallan mil monstruosidades producto del miedo y la desesperación.
Por otra parte leo algunos artículos bienintencionados, incluso lúcidos, sobre el asunto de la nueva gripe. Se refieren a los intereses de la industria farmaceútica, de esta sociedad nuestra donde la muerte se niega... en fin, mezclan ciertas verdades con conclusiones fácilmente vendibles y entendibles. No hay más que leer el libro de Defoe para darse cuenta de que tampoco en pleno barroco, inmerso en una sociedad cristiana, se aceptaban las cosas de otra manera. Me conmueve esa capacidad del ser humano para inventarse arcadias conceptuales de un pasado del que nos separan abismos de sensibilidad.
El libro acaba con un "He sobrevivido" que es algo más que un final.

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